El otro día, mientras navegaba por internet en busca de información para este blog, me topé con una imagen que me sorprendió profundamente. La imagen ilustraba una situación muy común en la montaña y me hizo reflexionar sobre la importancia de no contaminar el entorno natural. Por eso, quiero compartirla con vosotros y aprovechar para hablar de la responsabilidad de llevarnos siempre la basura de vuelta.

La imagen planteaba una pregunta muy interesante usando como ejemplo una simple lata de refresco: ¿Por qué tiramos una lata al suelo cuando solo pesa 25 gramos?
En los comentarios, muchas personas señalaban una frase en particular: «Porque ya es inútil.” Y en parte, tenían razón: una lata vacía no nos aporta ninguna utilidad, especialmente en la montaña, donde cada gramo extra en la mochila cuenta. Sin embargo, desde mi punto de vista, no es así de sencillo. Si ya hemos hecho el esfuerzo de llevarla llena hasta allí, ¿por qué no llevarla de vuelta vacía? ¿Acaso existe una “papelera de la montaña”?
En todos los años que llevo subiendo a la montaña, jamás he visto la famosa “papelera de la montaña.” Entonces, ¿por qué tiramos basura en un entorno natural, cuando en la ciudad nos acostumbramos a usar papeleras? Es una pregunta que merece reflexión. Mi teoría es que, en el fondo, es por pereza: «Si la tiro aquí, no tengo que cargarla de vuelta.» Pero este pensamiento sería aplicable solo si hubiera papeleras en el monte, algo que todos sabemos que es imposible.
Os animo a cargar esos 25 gramos de vuelta. Esa lata nos dio la energía que necesitábamos; aprovechemos parte de esa energía para devolverla al lugar adecuado.
Quiero recordar que, aunque aquí hablamos de latas, esta reflexión aplica a cualquier residuo. En el monte no dejamos nada atrás: todo lo que subimos, lo bajamos. La montaña no es un vertedero, cuidémosla entre todos. Ni los animales ni el entorno natural merecen que seamos descuidados con nuestro impacto en la naturaleza.
¡POR FAVOR, LA MONTAÑA LA CUIDAMOS ENTRE TODOS!



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